Egotrip de una good girl – Lily Allen

Diciembre 7, 2009

Lily Allen

Cuando la británica Lily Allen llegó a la Via Funchal, los fans estaban con los nervios de punta, comiéndose las uñas, a los gritos e intentando ver de cerca a la cantante a cualquier precio. Se habían olvidado de avisarle a este bloguer que la chica de 24 años –que grabó su primer disco en 2006, todavía con un pie en el hip hop– ya era una estrella del pop de tal calibre que deja histéricos a los adolescentes y jóvenes.
El escenario del show era un enorme cartel que decía “Lily”. La cantante bailaba sus hits en escena sin la menor timidez, se divertía con los gritos de los fans, saltaba de un lado al otro y decía que ese era “el mejor show de todos los tiempos”. Como siempre, hacía el papel de chica mala que se transformó en modelo para los jóvenes y fuma, bebe, aspira y sale en los diarios sensacionalistas. Pero aunque no quiera, Lily Rose Beatrice Allen es una buena chica. Casi como una caricatura, la cantante tomaba sorbitos de cerveza y fumaba un cigarrillo electrónico. Era dulce (o casi).

El público no le prestó atención a la versión light de la estrella que abre la boca y canta “fuck you very much”, habla de drogas y maltrata a los hombres. Eléctrica sobre el escenario, Lily encantó al público con sus animadas “Everyone’s at it”, “LDN”, “Smile” y el cover de “Oh my God”, de los Kaiser Chiefs. El punto débil fue la balada “I could say”, que desentonó en el repertorio como una bailarina en un show de heavy metal.
Para mostrar que de ninguna manera se había transformado en una buena chica, la británica pidió que todos levantaran el dedo medio contra George W. Bush y cantaran a coro la pseudo-ácida “Fuck you”. Jugando para tribuna, Lily invitó al público a una fiesta country y cerró el show con la hiperactiva “Not fair”, que dejó a los fans saltando de un lado a otro sin que les importara si la muchacha del escenario era una chica de familia o una degenerada. Una estrella de pop es una estrella de pop, y nada más.

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Mujer sin razón (Adriana Calcanhotto – 27/08/2009)

Diciembre 4, 2009

Adriana Calcanhotto

Adriana Calcanhotto es una diva de la música brasileña. Entra a un escenario oscuro, con su característico cabello corto y oscuro, la piel clara, la expresión impávida, envuelta en telas, sosteniendo un caracol en el oído mientras por los altoparlantes suenan las olas del mar. Todo es muy cult, muy conceptual, pero la escena no asombra a los fans. Es apenas una alegoría innecesaria para presentar un show de la gira “Marea”. Después de la teatralización, ella entona media docena de canciones que fueron la banda de sonido de novelas en los últimos diez años e hicieron su voz conocida en todo el Brasil.

Es difícil decir si esta cantante nacida en el sur de Brasil, compositora y música hecha y derecha, tendría la voluntad y la audacia de abandonar los éxitos que la pusieron donde hoy está. Adriana Calcanhotto, le guste o no, es un clásico ejemplo del artista brasileño que triunfa gracias a la televisión. En casi 20 años, la cantante colocó doce temas en bandas de sonido de telenovelas –lo que, en pocas palabras, la hizo vender discos como agua. Irónicamente, su disco más vendido fue una recopilación de grandes éxitos, entre ellos varios que estuvieron en la TV.
Lo cierto es que la elegancia de la cantante hizo juego con el escenario lleno de estilo del Espacio Tom Jobim, entre los árboles centenarios del Jardín Botánico de Río de Janeiro. Aunque no abandonó los hits insulsos y repetidos hasta el cansancio de las telenovelas, Adriana Calcanhotto probó lo que los fans ya saben: que es una música hecha y derecha, culta y talentosa. Entre una y otra canción pop, contó que “estaba jugando con el violoncelo y decidí ponerle música a un poema de Florbela Espanca”. Fino.

Adriana Calcanhotto

Entre las canciones famosas del nuevo álbum, como “Para lá” y “Mulher sem razão”, y temas de otros músicos, como “Esquadros”, uno de los momentos más interesantes fue la ejecución de “Assim sem você”, un éxito de su álbum infantil, Adriana Partimpim.

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Popstars del Nordeste – Banda Calypso

Octubre 20, 2009

Banda Calypso

Joelma Mendes está lejos de ser una musa de la música pop o un sex symbol del nivel alcanzado por Britney Spears. Además, ninguna adolescente va a tener en la pared un afiche de Cledivan Farias, el Chimbinha –que tampoco compite por el título del Justin Timberlake brasileño. A pesar de no ser uno de los artistas fabricados para tener éxito, en 10 años de carrera la Banda Calypso logró vender más de 10 millones de discos y todavía convoca a multitudes a sus shows en Brasil.

En ese tiempo, el grupo formado por la pareja se convirtió en un fenómeno en Brasil. Creada en Belém, en la región Norte del país, la banda comenzó a grabar y vender discos de manera independiente, y empezó a atraer fans con una mezcla de ritmos caribeños, latinoamericanos y brasileños, como el calipso, la cumbia, la lambada y el brega (kitsch). El estilo de Joelma y Chimbinha no tardó en hacerse popular en el Norte y Nordeste de Brasil, pero también comenzó a llamar la atención en las grandes capitales, como San Pablo y Río de Janeiro.

El show en la “Fundição Progresso”, en Río, en un barrio históricamente ligado al samba y al rock, fue una prueba más del éxito de la Banda Calypso. El público era ecléctico: había desde fanáticos de la primera hora e inmigrantes a jóvenes modernosos que no tenían vergüenza de mostrar su entusiasmo con las músicas del grupo.

En la primera fila de la platea, estaba Josy, presidente del fan club Calypso Fest, que tiene sólo 14 miembros en todo Brasil. Bailando solo en un rincón de la casa de espectáculos, Francisco Da Silva Pereira, François, se emocionaba al contar que finalmente haría realidad su sueño de ver un show de la banda. La estudiante de derecho Carolina llevó su novio a rastras a Lapa para ver al grupo: “La semana pasada él me trajo a ver Little Joy y hoy vino a ver Calypso conmigo”.

Cuando Joelma y Chimbinha salieron al escenario, los gritos fueron ensordecedores, como si dos popstars internacionales estuvieran pisando Brasil por primera vez. De alguna manera, al menos para algunas personas, los dos son realmente popstars. Revoleando sus cabellos rubios, largos y ondulados, la vocalista de la banda sacudía el cuerpo y la cabeza frenéticamente, moviendo las caderas de minifalda y top, montada en unas botas con tacos de meter miedo. Casi un actor de reparto, Chimbinha se quedaba en un rincón del escenario, con una pose de guitar god, pero más sereno.

Calypso

Incómodas y nada serenas eran las coreografías de los bailarines de la banda, que hacían interpretaciones literales de las canciones o bailaban como si hubieran terminado de inventar los movimientos. Lo temible es que estaban todos coordinados –lo que significa que esa presentación casi colegial fue planeada y practicada durante muchas horas. En la platea, los fans imitaban los movimientos, bailaban al compás y revoleaban el cabello en éxtasis.

Con cada canción, los más aficionados ya vibraban con los primeros acordes, como si lograran distinguir el ritmo casi idéntico de hits reproducidos hasta el cansancio en las radios populares, como “Lua Me Traiu”, “Doce Mel” y “Acelerou”. Joelma agradecía a Dios y al público en todo momento. Jugar para el público es un arte apreciado por muchos músicos populares. Por lo menos, en este caso, el intento de agradar parece ser tan sincero que la relación entre el escenario y la platea parece ser mucho más estrecha que la de cualquier banda y sus fans.

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En una batucada brasileña – Friendly Fires (Río de Janeiro)

Octubre 13, 2009

Friendly Fires

Poco antes de los shows de la banda británica Friendly Fires en Brasil, 10 de cada 10 blogs y sitios de música hacían hincapié en destacar una conexión entre el grupo de electropop/synth-pop y el samba. El que haya escuchado el único disco del cuarteto (Friendly Fires, de 2008), tenía todo el derecho de preguntarse: ¡¿qué samba?! Los comentarios repetidos hasta el cansancio eran sólo un intento de relacionar la banda al país a causa del batuque que se escucha en “Kiss of life”, canción lanzada ese año, que tiene un ritmo más o menos tropical.
Maniobra tramposa… y tal vez un poco injusta. En el CD, los Friendly Fires hacen un sonido muy convencional, que no deja nada que desear a otras bandas del género, como Klaxons y Pasion Pit. Como tantas otras, lanzó un hit pegajoso (“Paris”), se convirtió en banda de la moda de la gente cool anglo-americana y llegó a los iPods de Brasil. No prometía nada en estas playas, pero admito que las decepciones sobre expectativas de ese tipo son siempre agradables.

La banda hizo una presentación explosiva –completamente distinta del ritmo artificial del álbum, dicho sea de paso. Pese a salir al escenario del Circo Voador a las 2:20, los músicos lograron que el público se levantara. Cuando comenzó a sonar “Lovesick”, los pocos fans ya estaban contaminados por los movimientos del vocalista Ed MacFarlane, que movía las caderas como si estuviera en un video de gimnasia de los ‘90.

Friendly Fires

Pero vale destacar el verdadero responsable de hacer que la presentación fuera lo que realmente fue: el baterista Jack Savidge. Sin carnaval, el músico dio a las canciones un ritmo único, que podría hacerle muy bien al sonido de la banda en el estudio. Una manera de salir del lugar común de los repiques constantes del electropop.
Setlist – Friendly Fires (Río de Janeiro, 15/08/2009)
Lovesick
Jump in the Pool
Skeleton Boy
In The Hospital
White Diamonds
Strobe
Kiss Of Life
Photobooth
On Board
Paris
===
Ex Lover

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El renacimiento de una banda cool – Little Joy (Río de Janeiro, 14/08/2009)

Octubre 5, 2009

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En un primer momento, puede ser difícil entender como el sonido cool y sin pretensiones de una banda como Little Joy puede funcionar en un show en vivo, con cientos o miles de fans enloquecidos, pegados al escenario, gritando a todo pulmón las letras, aunque la balada sea la más tranquila posible. A comienzos de este año, cuando a banda encabezada por Rodrigo Amarante (Los Hermanos), Fabrizio Moretti (The Strokes) y Binki Shapiro hizo sus primeras presentaciones en Brasil, la diferencia era clara: en el escenario, el clima era uno y en la platea, otro.

En febrero, el público no perdió ni una oportunidad de hacer un coro con loas a Rodrigo Amarante, el único brasileño de verdad del grupo. Por más que el líder de Little Joy mostrara una leve alegría de estar en casa de nuevo, los casi gringos no estuvieron ni cerca de hacer un mosh o de pedir las palmas del público. En el escenario, Amarante era el gran anfitrión, que agradecía a toda hora. Fabrizio era el hijo pródigo que jamás volvió a casa y Binki… ah, Binki, no me había dado cuenta que estabas ahí…

Seis meses después, miren que cosa: la banda cool hizo un show realmente caliente. En la “Fundição Progresso”, en Río de Janeiro, había más público que en la presentación anterior, en “Circo Voador”. Los músicos parecían más libres en el escenario, más maduros, mostraron canciones nuevas por primera vez, realmente se arriesgaron. ¡Hasta Binki Shapiro (tímida para ellos, snob para ellas) golpeaba la pandereta en sus caderas con más felicidad! Por primera vez, tenía sentido oír en vivo el sonido medio hippie, medio tropical y nada brasileño del grupo. Algo bastante parecido a una contradicción, pero una mezcla que hace un bien inexplicable (sólo la música lo explica).

Cuando escuché la música de Little Joy por primera vez, el año pasado, lo único que quería era dejarlo todo y pasar un fin de semana en una playa tranquila, acostado en una hamaca paraguaya, tomando caipirinha, escuchando música, descansando… Claro que no lo hice (algunos artistas tienen ese poder de hacerte soñar de esa manera), pero después otros me dijeron que sintieron más o menos lo mismo después de oír el disco.

La explicación es muy clara y está en las melodías relajantes, sin pretensiones y calmas de la banda. Aún la canción más animada del álbum Little Joy (el único lanzado hasta ahora, en 2008) tiene ese algo un poco tropical, pero sin caer en el caos de la lambada, un poco hippie, pero sin volver a los ‘70. Es simplemente un sonido muy, muy cool. Little Joy no te quiere y no le importa lo que pienses… ¿ok?

En la cajita del disco, adentro de tu iPod, o en los primeros shows de la banda, esa era realmente la impresión. Pero en la segunda temporada de shows en Brasil, los músicos comprobaron su status de pequeños popstars. Y fue difícil no aspirar el aire “no me importa”. El público estaba ante una banda distinta, más extrovertida, más divertida. Fue sorprendente ver a Binki Shapiro tomando el micrófono por un momento, como maestro de ceremonias: “Thank you for coming! ¡Gracias!”

Los primeros acordes y golpes súper cadenciados de “No one’s better sake”, que abrió el show, ya llevaron el público a esa playa imaginaria. Pero, esa vez, no era tranquila y nadie estaba acostado en la hamaca. Era una fiesta de verdad. El clima hawaiano también quedó lejos cuando el grupo tocó “The next time around”. Haz un ejercicio: escucha la versión de la pista en el CD y después imagina una versión casi explosiva, en vivo. Es exactamente eso. Vale destacar que Binki Shapiro sigue irresistible cantando las dos frases en portugués de la canción.

Incluso las nuevas canciones y covers funcionaron bien, destacándose la versión de “Procesión”, de Gilberto Gil. La noche (corta, ya que el repertorio de la banda es magro) terminó muy bien, en el clima “Hey, Jude”, cuando el grupo llamó al escenario a Adam Green y al resto de los Dead Trees (la banda telonera) para cantar “Brand New Start”, el hit feel good del grupo. En poco más de una hora, Little Joy dio una fiesta para mostrar que sabe ser cool, pero sin pretender que no le importa agradar.

Little Joy

Setlist – Little Joy (Río de Janeiro, 14/08/2009)

No One’s Better Sake
How To Hang a Warhol
Unattainable
Shoulder To Shoulder
All The Hours
Midnight Voyage (The Mamas and the Papas)
With Strangers
I Agree With Your Face
Sambabylon
The Next Time Around
Don’t Watch Me Dancing
Keep Me In Mind
===
Evaporar
Procesión (Gilberto Gil)
Brand New Start

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Música in loco

Agosto 10, 2009

Bruno Boghossian¡Hola, compañeros!

Al que le gusta la música sabe que no existe experiencia comparable a ver un show en vivo, ver de cerca a tu banda favorita –aunque sea de un país que quede a miles de kilómetros de tu casa o que venga de un lugar con un idioma que no tiene nada que ver con el tuyo. En poco más de una hora, entras en contacto con el lado más sincero de un artista, sea en un show completamente visceral o en una superproducción que puede esconder completamente quién es él en realidad. La transparencia funciona así, hacia los dos lados.

En el escenario, puedes ver a personas que son enamoradas de la música como tú, o que tienen un talento tan increíble que no necesitan esforzarse para hacer un espectáculo, o incluso el que sólo quiere ganar dinero -y se esfuerza tanto que logra impresionar a todos. Estar en un recital también es tener la experiencia única de compartir el mismo momento, en el mismo lugar, con miles de personas (o con sólo media docena, si es el caso).

Me gusta mucho la música, y aún más hablar y escribir sobre las bandas y discos que conozco. En mi perfil, verás que soy fan de Wilco, Radiohead, Rolling Stones, Miles Davis, Os Mutantes, Animal Collective, Fleet Foxes y de otras bandas. He escuchado también a Phoenix, Passion Pit, Beirut, Yoñlu, Fanfarlo, Conor Oberst, Arctic Monkeys, Dinosaur Jr y Friendly Fires.

Comenzamos ahora esta jornada de Music Bloggers para intentar contar un poco sobre esa experiencia y compartir con ustedes mis impresiones sobre las presentaciones de artistas de todo tipo aquí, en Río de Janeiro.

¡Espero sus comentarios!

Saludos,
Bruno

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